Fuente: SIETELUCES 26 junio 2010

LA FAMILIA, UN TESORO ESPIRITUAL



Redacción: Ruiz | Mundo arcano – Tuesc.com


De 12 Libros de la Vida Verdadera

He instituido desde el principio de los tiempos el hogar, formado por el varón y la mujer, y en él he derramado sabiduría y amor. He puesto sobre ambos una cruz, un destino perfecto. Las bases de ese hogar son el amor, la comprensión mutua. Y esa institución bendita no es mi voluntad que se desconozca o se profane, a pesar de las tempestades que azotan y amenazan por doquier.

Yo sé que en este tiempo, existen problemas en el seno de los matrimonios, a los que sólo les encuentran una solución: el distanciamiento o la separación.

Muchas veces al estar juntos en su alcoba, sus espíritus viven distantes uno de otro. Las atenciones y la ternura de otras veces, han dejado paso a las palabras violentas y a las frases hirientes; entonces la flama de la fe, que debe arder en el corazón, se estremece y se apaga azotada por la tempestad de las pasiones y de los sentimientos exaltados.

¿Habéis olvidado vuestros juramentos? ¿Por qué faltáis a vuestras promesas? ¿Por ventura no es una burla a mi ley y a mi nombre?

El pacto que habéis hecho conmigo, no es un compromiso material, es un cargo espiritual que habéis aceptado contraer con vuestro Padre, con aquél que ha hecho todo lo creado.

Nunca rompáis un pacto sagrado, como son el del matrimonio, el de la paternidad y el de la amistad.

Ahora que me encuentro nuevamente entre vosotros, os pregunto: ¿Qué habéis hecho del matrimonio? ¡Cuán pocos podrán contestar satisfactoriamente! Mi institución sagrada ha sido profanada, de aquella fuente de vida, brota muerte y dolor. Sobre la blancura de la hoja de esa ley, están las manchas y las huellas del hombre y la mujer. El fruto que debiera ser dulce, es amargo, y el cáliz que beben los hombres es de hiel.

Por eso he venido a dignificar la familia y el hogar, porque hace tiempo que habéis roto esa bendita armonía.

Yo bendigo a todos aquellos que saben encontrar en el calor de su hogar los mejores goces de su existencia, procurando con su cariño de padres a hijos, de hijos para con sus padres, y de hermanos con hermanos, formar un culto, porque en su unión y paz se asemejan a la armonía que existe entre el Padre Universal y su familia espiritual.

¡Cuán liviana sería la cruz y llevadera la existencia si todos los padres y los hijos se amasen! Las pruebas más grandes serían atenuadas por el cariño y la comprensión; su conformidad ante la voluntad divina la verían recompensada con la paz.

Haced de vuestro hogar un segundo templo, de vuestros afectos un segundo culto. Si queréis amarme, amad a vuestra esposa y amad a vuestros hijos, porque también de ese templo brotarán grandes obras, pensamientos y ejemplos.

¡Qué escasas son las familias en donde todos en perfecta armonía vienen en pos de mi enseñanza!

Desde ahora moralizad vuestra vida, reconstruid vuestros hogares y unificad vuestra familia. Que el padre vaya en busca de su hijo que huyó de su hogar y los hijos busquen a quien les abandonó; que la esposa vuelva a los brazos del compañero y que el esposo que había renunciado a sus deberes, busque a la compañera y construyan una nueva y mejor existencia.

Amaos y vivid en paz en vuestro hogar, porque Yo he contemplado que de cinco que forman una familia, dos están contra tres y tres contra dos.

Los hermanos, llevando una misma sangre, se sienten distantes, no se aman, ni se comprenden.

Es que los hombres han perdido la semilla de amor que, sin saberlo, llevan en lo más puro de su corazón, tan dentro que ellos mismos no alcanzan a descubrir.

Enaltezco al varón y el lugar de la mujer, santifico el matrimonio y bendigo la familia.

En el hombre está la fuerza y debe éste usar siempre la comprensión. En la mujer, preparada con ternura y sensibilidad, anida el amor y el sacrificio, y así, ambos se complementan. De esa unión, de esa comunión de espíritus y cuerpos, brota la vida como un río inagotable. De esa semilla y de esa tierra fecunda, surge la simiente que no tiene fin.

Varones: debéis ser dulces y comprensivos y encender el fuego del amor que es la llama que debe dar vida a vuestra unión.

A la mujer que os diere por esposa la cuidaréis, la honraréis y en ella haré fructificar vuestra simiente.

No tratéis mal a vuestra esposa, tened caridad, ella es parte de vosotros mismos.

A la mujer se le ama con el amor que eleva, no con la pasión que envilece.

Entonces veréis cual es la obra que mancha y cuál la que redime. Veréis las maravillas que hace el verdadero amor.

Desde la antigüedad se os dijo que el hombre es la cabeza de la mujer. No por ello se sienta la mujer menospreciada porque ahora os digo que la mujer es el corazón del hombre.

Yo he colocado a la mujer a la diestra del hombre para endulzar su existencia, para llenarla de encanto.

Bienaventurado el corazón de la esposa, porque es refugio del hombre. Bendito el corazón de la madre, porque es manantial de ternura para sus hijos.

Es grande la misión espiritual de la mujer, es delicado su corazón, su mente, su seno, todas sus fibras son delicadas. Sólo así puede ser capaz de desempeñar tan noble misión.

Del amor con que os he dado la vida, pocas pruebas o señales dan los hombres. De todos los afectos humanos, el que más se asemeja al amor divino es el amor maternal, porque en él existe desinterés, abnegación y el ideal de hacer la felicidad del hijo aun a costa del sacrificio.

Si en lo divino y eterno existe el amor maternal, quise que en la vida humana existiese un ser que lo representara y ese ser es la mujer.

Yo digo a los padres de familia que así como se preocupan por el futuro material de sus hijos, lo hagan también por su futuro espiritual.

Contemplo a los niños sin alegría, sin paz, llenando del saber material su entendimiento, sin haber aprendido nada de las leyes y virtudes espirituales.

Quiero que forméis hogares creyentes del Dios único, hogares que sean templos en donde se practique el amor, la paciencia y la abnegación. En ellos debéis ser maestros de los niños, a quienes debéis rodear de ternura y comprensión.

Padres de familia, evitad errores y malos ejemplos; No os exijo perfección, solamente amor y caridad para con vuestros hijos.

Os recomiendo a los niños y os encargo que les conduzcáis por el camino certero. Congregadlos, habladles de Mí con amor y con ternura.

Velad por todos los niños a quienes pueda vuestro corazón brindar un latido de amor.

Enseñad a la niñez a orar por la humanidad, su oración inocente y pura como el perfume de las flores, se elevará hasta Mí y llegará también a los corazones que sufren.

Formad en el corazón de vuestros hijos un santuario de espiritualidad.

Cultivad el corazón de la niñez bendita para que desde su tierna infancia se amen los unos a los otros y sepan reconocer el camino del amor y de la justicia.

Vuestra ternura y vuestra inteligencia para conducirles, vuestra sabiduría para guiarles y corregirles, vuestro amor para dulcificar sus pasiones, serán el cincel que pulimente y dé forma a la parte moral y espiritual de esas generaciones.

Dad mi enseñanza a los niños, simplificándola y poniéndola al alcance de su mente, pero nunca olvidéis que la mejor forma de explicar mis lecciones, será a través de la virtud y ejemplos de vuestra vida, en la que ellos verán vuestras obras de caridad y de paciencia. Vuestra humildad y espiritualidad, será la mejor forma de adoctrinar.

Haced que vuestros hijos reconozcan las consecuencias del bien y del mal.

Todo el que se une en matrimonio ante mi Divinidad, aun cuando su unión no esté sancionada por ningún ministro, hace un pacto conmigo, pacto que queda escrito en el libro de Dios, en donde están anotados todos los destinos.

¿Quién podrá borrar de ahí esos dos nombres entrelazados? ¿Quién podrá en el mundo desatar lo que en mi ley ha sido unido?

Haced porque vuestro hogar tenga algo de templo, que sea un pequeño reino, un oasis en el desierto árido y hostil de vuestra vida.

Fuente: Textos recopilados de las páginas web Luz de Ilunum y Sieteluces, además de los canales de youtube Luz de ilunum y Editorial Sieteluces, textos propios y/o recopilados por el escritor e investigador José Antonio Iniesta Villanueva.


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