Fuente: SIETELUCES 19 septiembre 2009

SEMILLAS. MIGUEL ÁNGEL GAYO MACÍAS desde Nueva Delhi



Redacción: Ruiz | Mundo arcano – Tuesc.com


13 de abril de 2009.- En el año 2007 se suicidaron 16.632 agricultores indios. Una media de 45 muertes diarias, debidas en su mayor parte al fracaso de los cultivos transgénicos y la ruina que han acarreado para miles de familias.

Desde el Punjab, en el norte, hasta la húmeda Kerala , en el sur, muchos han caído en la trampa de los cultivos modificados genéticamente.

Se trata de un sistema de cultivo que convierte al agricultor en prisionero de una marca comercial cuyos productos son incompatibles con el cultivo tradicional. O sea, que cuando un agricultor se decanta por los cultivos transgénicos debe renunciar a la agricultura ‘de toda la vida’. Entre otras razones, porque los frutos que dan las cosechas transgénicas no tienen semillas o éstas son estériles. Esto obliga al agricultor a comprar nuevas semillas cada año para poder obtener una nueva cosecha. Una cosecha sin semillas que perpetuará su dependencia de la empresa suministradora. Además, para sacar adelante una cosecha transgénica hace falta más agua, más pesticidas y más fertilizantes que para una cosecha tradicional. Por supuesto, las semillas que las empresas venden están ‘programadas’ para funcionar mejor con los fertilizantes y pesticidas de su marca.

Al ya costoso proceso de comenzar a usar semillas modificadas genéticamente hay que unir, por tanto, el precio que la empresa suministradora decida cobrar por las nuevas semillas y demás productos. Se genera así un círculo vicioso que atrapa a los agricultores y les convierte en prisioneros de una marca comercial, que pasa a ser la propietaria virtual de su medio de vida. Se da la circunstancia de que muchas veces es la propia empresa de transgénicos quien concede, sin demasiados miramientos, el crédito necesario para convertir una explotación tradicional en un cultivo de semillas manipuladas genéticamente.

Haciendo una comparación un tanto frívola, se podría decir que unas personas que sólo necesitan un procesador de textos sencillo para trabajar son convencidas para comprar un carísimo Mac que sólo podrán usar si compran un potente pero costoso software cuya licencia han de renovar cada año. Los cultivos transgénicos pueden –y no siempre- dar resultados magníficos si se dispone de un capital importante para invertir y si se pueden asumir los riesgos de un mercado cambiante, se dispone de un regadío continuo y abundante, se apuesta por el monocultivo y existe la garantía de vender la cosecha a buen precio en cualquier época del año. En esta larga cadena de exigencias, el fallo de un eslabón puede significar la ruina total.

Por eso, quien hace mejor negocio con los cultivos transgénicos es la empresa que suministra al agricultor sus semillas, sus fertilizantes y sus pesticidas, porque se limitan a vender un producto y no comparten el riesgo de su cliente. Como mucho, el representante de la empresa de transgénicos se dejará caer por la casa del agricultor arruinado para ofrecerse a comprarle sus tierras a cambio de condonar una parte de su deuda.

La empresa estadounidense Monsanto, que controla el 90 por ciento del mercado mundial de semillas transgénicas, se ha hecho con tres cuartas partes de los cultivos de algodón en la India . En un país donde dos de cada tres personas viven del campo, la irrupción de esta forma de cultivo ha cambiado radicalmente las reglas del juego.

El gobierno ha intentado paliar este desastre haciéndose cargo de las deudas de muchas familias, pero la corrupción de los funcionarios y la tardanza en el proceso ha hecho que estas medidas sean insuficientes. En la práctica, se trata de que el gobierno indio pague a la empresa de transgénicos el rescate de las familias de los agricultores antes de que se cumpla el plazo, pierdan la esperanza y terminen suicidándose.

El año 2006 fue uno de los más dramáticos, con 17.060 suicidios. Entre 1997 y 2007 se quitaron la vida 182.936 agricultores arruinados. Y una de las maneras más frecuentes de quitarse la vida fue ingerir los pesticidas destinados a proteger de plagas sus campos.

Fuente: Textos recopilados de las páginas web Luz de Ilunum y Sieteluces, además de los canales de youtube Luz de ilunum y Editorial Sieteluces, textos propios y/o recopilados por el escritor e investigador José Antonio Iniesta Villanueva.


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